El gordo del pañuelito
domingo, 10 de abril de 2016
Diario Versión Final
Soc. Ender Arenas Barrios.
En
Venezuela desde siempre se han construido cuentos, especialmente sobre
personas, que terminan convirtiéndose en verdaderas interpretaciones
nacionales, valga la redundancia, del pasado, presente y futuro de la
patria. Un ejemplo, de ello es la clásica historia del vivo o pícaro
criollo que ya es una leyenda, prácticamente.
El
pícaro tiene varias caras: el estafador clásico, el que incluso es
capaz de hacer un “san de tetas” y vender todas las semanas a pendejos
que esperan con ansias la semana designada para la supuesta chupadita.
También está el bachaquero, la modalidad postmoderna del pícaro criollo,
quien compra a 100 bs y vende a 1000, está el cara de sobrao, ese nunca
falta, esta, por supuesto el macho peludo, este a su vez tiene varias
facetas, la más común es la del llanero solitario que le ha permitido
amancebarse con media cuadra de su barrio y cuando es descubierto por
el celoso marido sale gritando: “la culpable es ella, esa es una
sinverguezona, hermano”.
Pero
de todos los picaros que hacen vida en esta tierra de gracia el que más
ha jodido es el pícaro que se hace pasar por sabio, que según Francis
Bacon es la peor cosa que puede suceder. Eso es lo que desde hace tiempo
nos ocurrió con el gordito del pañuelito blanco y de traje negro tan
fúnebre como su verbo y su jeringonza.
El
Doctor que viste de esa manera es probablemente uno de los pocos
venezolanos que sabe lo que quiere, que sabe a donde va y cuando no lo
consigue, cambia violentamente de piel. De esa manera, ha sido,
inicialmente chavista desde aquellos lejanos días en la que figurar al
lado de Chávez le producía un orgasmo increíble a una gran mayoría de
venezolanos, el Dr., del pañuelito además aspiraba a lo que siempre ha
ambicionado desde siempre: ser magistrado de la Corte Suprema de
Justicia y luego del TSJ, al no conseguir estos cargos, pues en la
competencia le ganaron otros, inclusive su hermano, paso a ser el más
virulento opositor.
De
esa militancia opositora hay miles de testimonio: El gordo insultando a
Chávez, el gordo retando a Chávez, el gordo pronosticando la caída de
Chávez y anunciando marchas, encabezadas por él, es obvio. Marchas que
no regresarían jamás hasta que el usurpador (así lo llamaba) se fuera de
Miraflores.
La
gente lo escuchaba y se decía: “veeerga!, este carajo si sabe”, pues
cada insulto que hacia el Dr. contra el usurpador de turno (es decir
Chávez) lo acompañaba con una disertación jurídica.
Entonces,
vinieron unas elecciones y el doctor aspiraba, como siempre. Esta vez
quería ser diputado y no fue, ya había gente que una vez más le ganaron
la partida y él se volvió arrechar, se lanzó con otros por su cuenta,
que también visten más o menos parecidos, incluso con pañuelito y todo,
aunque para ser justo se los cambian de color y hasta impidió que las
fuerzas alas que decía pertenecer obtuvieran mayoría en el llamado
Parlatino.
Y
ocurrió lo que siempre ocurre con este tipo de picaros: son travestis y
volvió a cambiarse de bando aunque siga vistiendo de acto fúnebre con
su pañuelito blanco y pretende pasar por verdad jurídica y
constitucional lo que es una engañifa: el presidente puede dar un golpe a
la voluntad popular y cagarse de la risa, sin pasar por encima del voto
popular. El Doctor no conto completo esa historia, es decir, que el
presidente de acoger el consejito del hombre del pañuelito, tiene que
someterse al voto de quien hace apenas cuatro meses voto en su contra.
Él lo sabe, pero pícaro es pícaro y, no es fácil zafarse de esa
condición.

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