jueves, 19 de mayo de 2016

El gordo del pañuelito


domingo, 10 de abril de 2016
Diario Versión Final
Soc. Ender Arenas Barrios.

En Venezuela desde siempre se han construido cuentos, especialmente sobre personas, que terminan convirtiéndose en verdaderas interpretaciones nacionales, valga la redundancia, del pasado, presente y futuro de la patria. Un ejemplo, de ello es la clásica historia del vivo o pícaro criollo que ya es una leyenda, prácticamente.

El pícaro tiene varias caras: el estafador clásico, el que incluso es capaz de hacer un “san de tetas” y vender todas las semanas a pendejos que esperan con ansias la semana designada para la supuesta chupadita. También está el bachaquero, la modalidad postmoderna del pícaro criollo, quien compra a 100 bs y vende a 1000, está el cara de sobrao, ese nunca falta, esta, por supuesto el macho peludo, este a su vez tiene varias facetas, la más común es la del llanero solitario que le ha permitido amancebarse con media cuadra de su barrio y cuando es descubierto por el celoso marido sale gritando: “la culpable es ella, esa es una sinverguezona, hermano”.

Pero de todos los picaros que hacen vida en esta tierra de gracia el que más ha jodido es el pícaro que se hace pasar por sabio, que según Francis Bacon es la peor cosa que puede suceder. Eso es lo que desde hace tiempo nos ocurrió con el gordito del pañuelito blanco y de traje negro tan fúnebre como su verbo y su jeringonza. 

El Doctor que viste de esa manera es probablemente uno de los pocos venezolanos que sabe lo que quiere, que sabe a donde va y cuando no lo consigue, cambia violentamente de piel. De esa manera, ha sido, inicialmente chavista desde aquellos lejanos días en la que figurar al lado de Chávez le producía un orgasmo increíble a una gran mayoría de venezolanos, el Dr., del pañuelito además aspiraba a lo que siempre ha ambicionado desde siempre: ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia y luego del TSJ, al no conseguir estos cargos, pues en la competencia le ganaron otros, inclusive su hermano, paso a ser el más virulento opositor. 

De esa militancia opositora hay miles de testimonio: El gordo insultando a Chávez, el gordo retando a Chávez, el gordo pronosticando la caída de Chávez y anunciando marchas, encabezadas por él, es obvio. Marchas que no regresarían jamás hasta que el usurpador (así lo llamaba) se fuera de Miraflores.

La gente lo escuchaba y se decía: “veeerga!, este carajo si sabe”, pues cada insulto que hacia el Dr. contra el usurpador de turno (es decir Chávez) lo acompañaba con una disertación jurídica. 

Entonces, vinieron unas elecciones y el doctor aspiraba, como siempre. Esta vez quería ser diputado y no fue, ya había gente que una vez más le ganaron la partida y él se volvió arrechar, se lanzó con otros por su cuenta, que también visten más o menos parecidos, incluso con pañuelito y todo, aunque para ser justo se los cambian de color y hasta impidió que las fuerzas alas que decía pertenecer obtuvieran mayoría en el llamado Parlatino.

Y ocurrió lo que siempre ocurre con este tipo de picaros: son travestis y volvió a cambiarse de bando aunque siga vistiendo de acto fúnebre con su pañuelito blanco y pretende pasar por verdad jurídica y constitucional lo que es una engañifa: el presidente puede dar un golpe a la voluntad popular y cagarse de la risa, sin pasar por encima del voto popular. El Doctor no conto completo esa historia, es decir, que el presidente de acoger el consejito del hombre del pañuelito, tiene que someterse al voto de quien hace apenas cuatro meses voto en su contra. Él lo sabe, pero pícaro es pícaro y, no es fácil zafarse de esa condición.